Andamos de puntillas alrededor de la línea de teléfono con la intensidad de un adicto. Puedo ver cómo las palabras tienen efecto efervescente y devastador desde el final de mis vértebras, cómo hacen que me retuerza. La tormenta me destroza los nervios, recupero la capacidad perdida de sentir cada sílaba como una caricia. Me susurras plurales hasta destaparme. Me desubican los silencios, aprieto los puños, arañas sábanas, parecemos decididos a dejar de sobrevivir, en un derrumbamiento de muros sin límites, arrastrándonos mutuamente, jugando a suicida y lanzador de cuchillos. Podrías perder vuelos, reducir el peso de la vida, poner de banda sonora al corazón retumbando en las costillas.
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